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S. Alonso
Cándido Marín
El Padre Marín nació en nuestra localidad el día 3 de octubre de 1877.
Inició sus estudios en el Seminario Conciliar de Logroño el mes de septiembre de
1891 y poco tiempo después se trasladó al Seminario Pontificio de Comillas,
donde finalizó sus estudios y donde cantó su primera misa el 13 de julio de
1903.

Por espacio de varios años la venerable figura del Padre Marín
recorrió numerosas localidades de nuestra provincia y limítrofes como Uruñuela,
Lumbreras, Miranda de Ebro, Briones, Santo Domingo de la Calzada, Bilbao,
Manresa, Comillas, Covadonga y Burgos, en estas últimas ya en calidad de padre
jesuita por cuanto el día 7 de marzo de 1919 había ingresado en el noviciado de
Loyola, y después de permanecer un año en Bilbao, fue destinado a Logroño.
Su primer viaje al extranjero, concretamente a Bélgica, lo
realizó en 1932 a raiz de la supresión de la Compañía de Jesus, interesándose ya
vivamente por todas las cuestiones de tipo social, de las que ya había obtenido
esperiencias cuando había estado en Burgos como consiliario católico de obreros.
En el año 1935 el Círculo Católico de Obreros de Logroñose
propuso renovar sus actividades en favor de las clases trabajadoras, razón por
la que su presidente don Santos Martínez suplicó al obispo nombrase consiliario
al Padre Marín, que acababa de regresar de Bélgica donde había asistido a varias
semanas y congresos sociales especialmente a las grandes asambleas de las
Juventudes Obreras Católicas.
A partir de ese momento su actividad en pro de la juventud
riojana ya no conició límites, surgiendo, paulatinamente, tras soslayar
tremendos problemas, excepcionales instituciones como el Patronato de Escuelas
Católicas "San Bernabé", el Patronato del Divino Maestro para niñas, en unión
del obispo don Francisco Blanco Nájera; El colegio de nueva construcción "San
Bernabé", de la calle Rodríguez Paterna de Logroño; las escuelas del suburbio
Cavo Noval y Nido, y, finalmente, las Escuelas Profesionales del Sagrado
Corazón.
Murió el 6 de noviembre de 1960. Veinte años más tarde sus
restos fueron trasladados al cementerio de Galilea, donde reposan. El
Ayuntamiento de Logroño, por los meritos que contrajo en defensa y amparo de la
juventud logroñesa, le dedicó una calle a la memoria de su nombre.
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