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Parece ser que la salud de D. Diego de Tejada nunca fue buena. En una de las
oposiciones a canónigo de la iglesia catedral de Santo Domingo de la Calzada ya
se sintió repentinamente enfermo teniendo que suspender su examen y reanudándolo
al día siguiente. Pasados los años, y ya como Arzobispo de Burgos, vemos a
nuestro prelado con los mismos problemas y los mismo remedios: las inevitables
sangrías. A causa de estos achaques D. Diego acudió al balneario de
Arnedillo, muy cerca de Galilea, buscando remedio a sus males. En uno de
sus viajes, el efectuado el 13 de julio de 1664, al regresar a Galilea, la
muerte le sorprende en la localidad de Corera, a las doce del medio día.
Su acompañante, el jesuita Domingo Casanova, le ayudó a bien morir.
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Arcosolio donde se
supone reposan sus restos |
Su cuerpo fue enterrado en la
peana de la capilla del Santo Cristo, en la iglesia parroquial de San Vicente
Mártir de Galilea, muy probablemente siguiendo las instrucciones de su sobrino
Juan José de Tejada. Quiso que asistieran a su entierro, funerales y
novena todos los sacerdotes del concejo, dando a cada uno seis reales por día, y
que se hiciese de oficio mayor, dando de limosna 200 reales y 12 fanegas de tri
go añal y la oblación (ofrenda) de
costumbre. Asimismo mandó que se celebrasen 2.000 misas rezadas donde
pareciese a sus cabezaleros (testamentarios) con estipendio de real y medio, y
otras 2.000 misas cantadas en toda la jurisdicción, con una limosna de 3 reales.
Dejó a la iglesia de San Vicente
de Galilea
todo su
recado y a la iglesia de Corera un alba de las que tenía en Burgos. Nombró
cabezaleros al licenciado Francisco Alonso, beneficiado de Ocón y cura de
Corera, a don Andrés Tejada Laguardia, su hermano y a Juan José de Tejada y
García hijo del anterior y sobrino del obispo.
Su sobrino Juan José levantó, en el año 1710, una capilla en honor de la
Virgen del Pilar, en la iglesia de Galilea, y a ella trasladó los restos de su
tío mandando grabar una inscripción que es como su “curriculum vitae” pero que,
debido al medio siglo que había pasado desde su muerte, al redactor le falló la
memoria, equivocando algún dato.
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