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Casulla |
La iglesia de
Burgos se resistió a entregar a la de Pamplona la parte del pontifical que le
correspondía, pretendiendo no compartirlo con nadie. A pesar de haber sido
condenada con tres sentencias firmes, la última en 1681, alegó que resultaba
perjudicada en el prorrateo hecho, computando el valor de la plata con el premio
del ciento por ciento en todo, no debiendo tener la renta de este obispo sino en
las dos partes, por pagarse la tercera en vellón. El cabildo de Pamplona
dejó el arreglo de estas diferencias en manos del licenciado Martín Pérez
Rodríguez de Segura, nacido en Galilea,
arcediano de
Burgos, antiguo provisor y vicario general de don Diego de Tejada en Pamplona y
Burgos. La iglesia de Pamplona no tuvo más remedio que ceder.
El inventario que los burgaleses facilitaron era cortísimo. Al parecer se
ocultaron muchas alhajas, como sortijas, pectorales, y otras piezas
pertenecientes al pontifical. Los gastos del pleito ascendieron a 884
reales. El procurador Juan del Corral avisó el 16 de noviembre de 1683 que
se había hecho la división del pontifical y que a la iglesia de Pamplona le
habían tocado las alhajas contenidas en un memorial, que no se ha conservado.
Pero, cuando iba a dar el recibo, murió del Corral. Fue preciso otorgar
otra carta de poder.
Por fin, el 14 de marzo de 1684, casi veinte años después de la muerte del
obispo, Simón de Villamor escribió que las alhajas estaban en sus manos y que
había otorgado carta de pago. Sólo faltaba que el cabildo enviara por
ellas con carta de pago a favor del propio Simón de Villamor.
El cabildo encargó al sacristán mayor que las entregase a José de Sesse, bajón
de la iglesia de Pamplona, que a la sazón se hallaba allí. En efecto las
trajo con testimonio de que estaban destinadas para el culto y sacristía en la
iglesia iruñesa, con lo que se excusó de pagar derechos en Logroño. No
sabemos si los objetos recibidos compensaron los gastos tenidos en Toledo y
Burgos. Quizás para el cabildo, fuera más importante salvar su derecho.