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Introducción
El
cultivo de champiñón nace en los alrededores de París, a finales del siglo
XVIII. Según parece, el ejército napoleónico disponía de una bien
pertrechada caballería. El lavado casual de champiñones silvestres sobre la
cama de las caballerías provocó la inoculación de micelio en un medio ideal
para su crecimiento. La frecuencia del hecho y el ingenio de quien lo
observó, permitió el cultivo forzado de ese hongo.
Durante la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, el cultivo de champiñón se fue generalizando en el
país vecino aprovechando las cuevas dejadas por la extracción de piedra para
la construcción de pueblos y ciudades.
Antecedentes.
La plaga de la filoxera
que dañó gravemente los cultivos de vid en Francia llegó finalmente a
nuestro país con sus efectos devastadores sobre sus viñedos. Pero no todo
fue negativo: el comercio y la comunicación entre las zonas vitícolas del
sur de Francia y La Rioja se fortaleció.
El champiñón se instala en La Rioja en los años
cincuenta aprovechando la existencia de antiguos caños o bodegas que venía a
simular el microclima existente en las cuevas galas; entonces, el único
referente existente sobre técnicas e instalaciones de cultivo. Nuestros
pioneros vieron en ese cultivo una posibilidad de complementar su renta
familiar.
Las primeras instalaciones llegan en la década
de los años cincuenta del pasado siglo en las inmediaciones de Logroño
capital. A principio de los años sesenta se generaliza la construcción de
explotaciones específicas para el cultivo, sobre todo en Pradejón. Se trata
de salas de hormigón con bóveda de medio punto como cubierta. Estas
construcciones son típicas y exclusivas de nuestra región y obedecen a un
intento por trasladar la estructura conocida de la antigua bodega a un plano
más “industrial” y aséptico.
Galilea
En 1972, dos paisanos de
Galilea, Honorio Royo y Víctor Fernández, deciden acometer la construcción
de una champiñonera en el paraje de “Las Eras”, una zona apropiada por su
orografía y su orientación. Este hecho ha sido determinante en la historia
de Galilea, como luego veremos.
La obra, como era habitual en aquellos tiempos,
se forjó mediante la suma de ilusión y un esfuerzo ingente. La excavación
principal se hizo con medios mecánicos y aun dio tiempo en el verano de
aquel año para disputar un partido de fútbol de solteros contra casados en
la espectacular explanada que se había creado tras la excavación. No se sabe
si el balón botaba correctamente ni quien ganó el partido…
Al final del verano las retroexcavadoras
abrieron los cimientos del edificio. Después de vaciar varias veces el agua
acumulada en la cimentación, fruto de un otoño lluvioso, comenzó la llegada
de hormigón en cisternas desde la planta correspondiente.
Aproximadamente 2.000 metros cúbicos de hormigón
dieron forma a una champiñonera de gran tamaño para aquellos tiempos.
Constaba de 12 caños de estructura de hormigón armado con bóveda de arco de
medio punto. Sobre ellas, tres metros de tierra aseguraban un estupendo
aislamiento para el exigente cultivo. En total 2.000 metros cuadrados de
cultivo además de una amplia zona de servicio y un gran patio donde se
fabrica el compost. La obra costó dos millones de pesetas, de los de
entonces. La mano de obra que intervino en la construcción fue
exclusivamente de la localidad.
En aquellos años no sólo la construcción tenía
un fuerte componente manual, el propio cultivo resultaba ser enteramente
manual y autárquico ya que incluso el compost había que fabricarlo “in
situ”. Hasta llegó a haber cría de caballos en Galilea para conseguir la
cama o estiércol necesario.
Para febrero de 1973 se había obtenido el primer
compost y en la primavera llegaron los primeros champiñones. Recogido y
envasado en bolsas de un kilo, su destino era el mercado fresco,
principalmente en Bilbao donde existía una demanda consolidada.
En unos pocos años, la existencia de un número
suficiente de cultivadores en la zona, permite el impulso de un movimiento
asociativo que da lugar a la primera reconversión: se abandona la
preparación del compost en los patios de las propias champiñoneras y se
crean las plantas o centrales de compostaje que bajo la figura de Sociedades
Agrarias de Transformación, abastecen a sus socios de un compost de mayor
calidad y productividad.
Así, en 1977 los champiñoneros de Galilea,
Corera, El Redal y Ausejo crean la planta de compost de Ausejo, abandonando
la fabricación de compost en los patios de las explotaciones. Este paso
supuso un gran avance en la calidad del compost y por tanto en la
productividad.
Si algo demostró esta generación de
cooperativistas era su gran capacidad de trabajo y progreso. Casi recién
comenzada la actividad en la Planta de compost, en 1978 comienza la
construcción de la fábrica de conservas. Con ella se cerró todo un ciclo
productivo: compost, cultivo y transformación-comercialización. La
consolidación de este modelo tenía un nombre: UNICHAMP y recibió varios
premios por lo ejemplar de la idea y su ejecución.
Desde entonces este sector ha ocupado a muchos
trabajadores de Galilea, Valle de Ocón y Ausejo. Las propias champiñoneras
emplean a 12 trabajadores directamente. En las instalaciones de la Planta de compostaje y la Fábrica de conservas trabajan 160 personas. De ellas, una
media de 15 trabajadores de Galilea han venido desarrollando su actividad en
estas instalaciones.
Hasta el momento se han producido unos
15.000.000 de kilos de champiñón en nuestro pueblo. Los consumidores de
esta producción están repartidos por los cinco continentes: Un pequeño (o
gran) hito… muchas veces desconocido.
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