Los orígenes de la fábrica de embutidos Mari Pili hay que situarlos en los albores de la década de los años noventa. Por aquellas fechas, su fundador, José Manuel Cañas Uruñuela, inmerso ya en el mundo de la carnicería, adquiere los conocimientos necesarios, a través del aprendizaje con los profesionales del sector, para la elaboración artesanal de los diferentes productos del embutido, consiguiendo que sus elaborados salchichones vayan teniendo una gran aceptación entre los consumidores locales y entre los del propio del Valle de Ocón.

          A este producto, verdadero buque insignia de su incipiente negocio, se le fue incorporando poco a poco la elaboración de embutidos de chorizos en sus diferentes especialidades, además de otros artículos propios del sector como, pancetas, jamones, costillas, etc,  que iban fraguando, poco a poco, una empresa familiar a la que ya se le estaban quedando estrechas las instalaciones en las que desarrollaba su negocio, ya que tanto el obrador como los secaderos se demostraban  insuficientes.

          Esta circunstancia obligó a que, en el ecuador de esa década, la empresa diera un salto impresionante al tener que acometer la construcción de una fábrica de embutidos, abandonando las instalaciones domiciliarias donde desarrollaba su actividad, dado que el incremento de la demanda así lo aconsejaba.

          Bajo el diseño y supervisión personal de su fundador, la fábrica es construida en poco menos de medio año, dotándosele de las más modernas máquinas propias de la actividad (muchas de ellas adquiridas personalmente en Alemania) que en aquellos momentos la hacían comparable con las fábricas más modernas de su su categoría.

          A partir de este momento la producción de embutido se multiplica favoreciendo así la contratación de varios trabajadores que, en principio, provienen todos de la propia localidad de Galilea y que poco a poco se van incrementando hasta conseguir ocupar a muchos de ellos, evitando de esa manera el desplazamiento a otras localidades de nuestro entorno y propiciando, indirectamente, el afianzamiento de la población en la localidad.

          Cuando la empresa estaba despegando de manera decidida, el destino truncó la vida de su fundador. Sus herederos, no solamente han mantenido el espíritu y la filosofía imbuidos por él sino que, en pocos años, han conseguido acrecentar de manera ejemplar una empresa de prometedor futuro.