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ORGANIZACIÓN
ADMINISTRATIVA DE OCÓN A FINALES DEL S./ XVII
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La Villa de Ocón |
La organización administrativa del Concejo y Tierra de Ocón a finales del
s./XVII comprendía
, según Justiniano García Prado,
las siguientes poblaciones: la Villa de Ocón, con 36 vecinos; Galilea, con 40;
Santa Lucía, con 50; Corera, con 150; El Redal, con 80; Pipaona, con 32; Los
Molinos de Ocón, con 20; Aldealobos, con 15; Las Ruedas, con 16; Oteruelo, con
15; y San Julián, con 7. El término municipal se extendía de este a oeste
como legua y media; de norte a sur, dos leguas; y en circunferencia, 4 leguas.
Lindaba por cierzo con el término y jurisdicción de Alcanadre; por solano con
la villa de Ausejo y Tudelilla; por ábrego con la de Arnedillo y por regañón con
las de Robles y Jubera.
La villa y sus aldeas eran de señorío y pertenecían como ha quedado dicho a los
duques de Nájera que tenían como apoderado a D. José Basarán, vecino de
Hormilla. En su jurisdicción existían dos montes ramales de encinas, hayas
y robles; el uno propiedad de la villa y pueblo y el otro del duque de Nájera.
En estos montes los vecinos de la villa y sus aldeas no tenían aprovechamiento
de cortes de leña pero sí podían sus ganados, mayores y menores, pastar en el
terreno que ocupaban.
Los pequeños huertos que existían próximos a las casas se regaban en el invierno
y primavera, aprovechándose el monasterio de San Prudencio medio día a la semana
el resto del año. Ausejo, por sus concordias que más adelante veremos,
regaba día y medio.
Los vecinos poseían en común y como bienes propios la casa Consistorial, ubicada
en Ocón, además de diversas tierras que el duque de Nájera cedió al común de
ambos estados (noble y general). Por esta cesión pagaban anualmente 318
fanegas y 8 celemines de trigo y cebada, por mitad.
La jurisdicción pagaba en favor de los santos mártires san Cosme y san Damián un
censo de 33 ducados de principal, impuesto al 3%. Los vecinos del estado
llano pagaban al rey los derechos de servicio real ordinario y extraordinario,
sin que el común de los vecinos del estado noble contribuyeran por razón de
dichos derechos. El derecho de alcabalas estaba enajenado al marqués de
Navahermosa, cobrando por ello una crecida cantidad. El cabildo de
beneficiados (sacerdotes) de las iglesias que estaban establecidas en la
jurisdicción de Ocón se componían de 23, de los cuales 10 eran de ración entera,
8 de media y 5 de cuarta. La jurisdicción del Concejo y
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Pipaona de Ocón |
Tierra de Ocón pagaba el impuesto de diezmos con excepción de los religiosos
del monasterio de san Prudencio, porque ellos tenían concordia en virtud de la
cual sólo pagaban 9 fanegas y media de trigo y cebada, por mitad.
Los restantes vecinos, labradores y cosecheros de la Tierra de Ocón,
“…pagaban cada año al cabildo eclesiástico una fanega de cada diez (diezmos)...
“
de todos los
granos, legumbres y olivas; una carga de uva de cada diez; y una cría de ganado
lanar o cabrío, de cada diez. Las primicias las pagaban los vecinos, tanto
del estado noble como llano, y abonaban a la iglesia media fanega de trigo y
otra media de cebada, los que tenían yugada entera; los que tenían media yugada
pagaban tres celemines de trigo y tres de cebada. No era despreciable la
cantidad de impuestos, en metálico y en especie, que los vecinos de la Tierra de
Ocón pagaban anualmente al cabildo. Se calcula que pagaban en concepto de
diezmos, 280 corderos y cabritos; 2260 manos de cáñamo: 1340 manos de lino; 1140
fanegas de trigo; 1230 de cebada; 270 de avena; 1800 cántaras de vino; y 140
fanegas de oliva, etc.
Y todo esto teniendo en cuenta que, en toda la jurisdicción, los eriales y
terrenos
sin cultivar
ocupaban 2.500 fanegas. Las huertas ocupaban 40 fanegas; el regadío 1.200;
el secano 3.200; y, el viñedo, 400 fanegas. El censo ganadero referido a
Galilea era el siguiente: 32 caballerías mayores; 23 bueyes; 42 caballerías
menores; 827 cabezas de ganado lanar; y 618 de ganado cabrío.
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Santa Lucía de Ocón |
Las tierras de regadío eran escasas y se regaba, en invierno y
primavera, cinco días a la semana. El resto se distribuía entre
Ausejo y el Monasterio de San Prudencio, como
ha quedado dicho.
Esto trajo consigo el establecimiento de concordias
para regular el aprovechamiento de pastos a cambio
de la cesión de aguas, entre las tierras de la parte alta del valle
y los pueblos de la llanura, dando inicio a una curiosa fórmula de
intercambio de economías distinto.
Los abundantes ganados que poseían
los vecinos de la parte alta del valle,
necesitaban pastos en cuantía superior a la que su jurisdicción les podía
ofrecer; por el contrario, las tierras del valle, escasas de agua,
ansiaban acceder a los pequeños riachuelos, encabezados por el río Molinar, que
bajaban de las montañas de Ocón. El uso del agua como mercancía y su
cambio por el beneficio de pastos, rastrojeras y bosques, dio lugar a singulares
contratos entre la Tierra de Ocón y los vecinos del valle, y una vez desmembrado
el concejo, entre los propios pueblos que en su día pertenecieron a aquella
unidad administrativa.
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