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LA CARRETERA QUE NUNCA SE CONSTRUYÓ
Con fecha 29 de octubre de 1864, menos de un año antes de la segregación de
Galilea de la tutela de Ocón, la Diputación Provincial de Logroño acuerda
enviar, para su aprobación por el Ministerio de Obras Públicas, el proyecto de
construcción de una carretera de 1.782 metros, para unir Galilea con Corera, y
que a su vez empalmara con la construída desde nuestro vecino pueblo hasta la
denominada Venta de Rufino. Para llevar a cabo esta obra, el Ayuntamiento
ya había acordado la aportación del 50% de su costo, en sesión plenaria del 6 de
marzo del mismo año.
El interés en la construcción de esta vía pública estaba justificado por el
aislamiento en que se encontraba nuestro pueblo, para poder dar salida a los
vinos y cereales que, con gran esfuerzo, se estaba efectuando a lomos de
caballerías ya que la tortuosidad y estrechez de los caminos existentes no
permitían otro tipo de conducción. Había también otro interés de carácter
social: emplear a un gran número de jornaleros, que carecían de trabajo, y
facilitar así el sustento diario de sus familias.
El trazado sobre el que debía discurrir la carretera no era el mismo que, medio
siglo más tarde, se diseñaría para la construcción definitiva de esta vía.
El proyecto señalaba que
“…debía partir de la plaza del juego de pelota”
y atravesando una calle, que por su anchura no es preciso
tocar ninguno de sus edificios, seguirá el camino que conduce a Corera, sin
separarse de él. Con el fin que su construcción fuese lo más
económica posible, el trazado discurriría siguiendo una ladera de bastante
inclinación transversal, finalizando con dos pronunciadas curvas, a derecha e
izquierda, con el fin de evitar expropiaciones
y el pago de las mismas.
El terreno sobre el que se desea construir esta carretera, seguía diciendo el
proyecto, no tiene accidentes notables en el tramo de Galilea, que ha de seguir
el camino viejo; por el contrario, la bajada hacia Corera es mucho más abrupta y
su costo más elevado, teniendo en cuenta que la anchura proyectada para la
calzada es de 6 metros, de los que 4,5 se destinan para carretera y 1,5 para
arcenes.
Atendiendo a los cambios climatológicos, la construcción debería ejecutarse en
dos fases: la explanación y el firme en otoño e invierno; las obras de fábrica,
a ambos márgenes, en primavera y verano. Los materiales a emplear
-sillería, rajuela, mampostería, etc - habían de extraerse de las canteras que
se hallan en la jurisdicción de Galilea, cuya distancia media a los puntos de
obra es de 2 Km. La piedra para afirmar el terreno se extraería de las
fincas colindantes al trazado de la calzada, en un radio de 250 m. El
presupuesto de contrata ascendía a 11.231 reales.
Este proyecto, que nunca llego a ejecutarse por desconocidas razones, hubiera
dado a nuestra localidad un impulso importantísimo al facilitar la salida de
sus productos en condiciones aceptables, teniendo en cuenta que en aquellas
fechas, los únicos caminos existentes hacia el valle o la capital, eran sendas
de herradura, difícilmente transitables.
Así habría de seguir hasta los años veinte del
pasado siglo cuando, al contar con
el decidido apoyo de los diputados Alberto Villanueva y Daniel Menchaca, esta
carretera sería construída, aunque con un trazado bien diferente al que
contemplaba este proyecto.
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