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Además de las reparaciones efectuadas en la estructura de fábrica
realizadas en los siglos XVIII y XIX, también el siglo XX fue testigo de la
reparación, por lo menos en dos ocasiones, del interior y exterior de nuestra
iglesia parroquial debido al desconchamiento de las paredes internas en un caso
y en el otro del peligro de derrumbamiento de la techumbre.
En el inventario realizado por Moya Valgañón en el año 1975 sobre el patrimonio
artístico de La Rioja, señalaba como edificio de valor histórico el situado en
Galilea... "en la calle Daniel Menchaca, casa con puerta de medio punto de
sillería, del siglo XVI". Esa casa, demolida poco después de la fecha de su
inventariado juntamente con la casa parroquial, derruida en las postrimerías
de los años ochenta daban forma a una recogida plazoleta que con la fachada sur
de la propia iglesia daba cobijo de las inclemencias del tiempo a los vecinos
que regularmente acudían a los oficios religiosos. Una vez desaparecida la casa
parroquial, y demolido, asimismo, un pequeño edificio anexo construido en la
cara oeste y que sirvió durante muchos años como salón parroquial, con acceso
por una puerta lateral al coro alto, la iglesia quedó totalmente despejada de
elementos espurios. Estas construcciones habían deteriorado parte de la
fachada oeste y algún contrafuerte de la fachada sur donde habían estado
apoyados los travesaños de estas edificaciones, lo que había conllevado la
desaparición de parte de la piedra de sillería de su estructura. Además,
la techumbre estaba en un estado calamitoso por donde se filtraba el agua y la
humedad con riesgo evidente para la integridad del edificio. La intervención era
necesaria. Gracias a la tenacidad de las fuerzas vivas de Galilea y con la
financiación en un altísimo porcentaje por parte de la Consejería de Cultura del
Gobierno de La Rioja, en
el año 1991 el arquitecto del obispado, Gerardo Cuadra, redacta un proyecto para,
“… la reconstrucción de la cubierta del templo de San
Vicente en la localidad de Galilea”
La memoria detalla la situación en que se encuentra tanto la cubierta de la nave
como la sacristía. Ambas se encuentran en un estado bastante lastimoso. De la
primera afirma que está formada por cerchas de madera de no muy buena factura y
un poco toscas que soportan el entrevigado de yeso y las tejas árabes. En esas
fechas, precisamente, un buen fragmento de los nervios de la cabecera
produciendo una gran oquedad en el suelo del templo. Esto hace que se replante
la actuación sobre otras partes del edificio. De la sacristía dice que el
arco carpanel que la divide en dos partes está deformado y que una de sus dovelas
ha sido sustituida por fábrica de ladrillo y yeso. Las deformaciones que se han
producido en el interior de la misma han afectado a las bóvedas que se presentan
gravemente agrietadas. Y por último se refiere a la casa y salón parroquial,
adosados a la iglesia de los que dice se hallan en estado ruinoso.
Dos años más tarde se aborda la reparación de las partes afectadas, con un
presupuesto de casi nueve millones de pesetas, con el que se procede a la
reconstrucción casi integral de la sacristía, la reconstrucción de la techumbre
con sustitución de vigas y parte de la teja árabe y la demolición de la casa y
salón parroquiales. Con la demolición de estos edificios desaparecen
definitivamente los límites de una plazoleta recogida y coqueta, que en
sus mejores tiempos completaba su cerramiento, una casa de ilustre pasado
que ayudaba a configurar uno de los espacios más concurridos y alegres del
pueblo y que casi siempre estuvo vigilada por dos frondosos rosales que crecían
enhiestos y señoriales en los ángulos formados por estas edificaciones.
Durante los meses de junio y julio de 2005 se acomete el pintado integral de la
misma que no se efectuaba desde el año 1953.
Medio siglo largo era tiempo más que suficiente para que las manchas de humedad
y el desconchamiento hicieran su aparición y hubiera que eliminarlas en cuanto
se contara con un presupuesto suficiente para abordar una obra de tal magnitud.
Esta ayuda llegó a través de la subvención concedida por la Consejería de
Cultura del Gobierno de la Rioja, que aportó el 70% del importe total que
ascendió a 51.000 € (casi nueve millones de pesetas). El resto se abonará
mediante aportaciones voluntarias de 50 € por parte de los
feligreses de Galilea.
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