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El retablo de la Virgen del Rosario
es pequeño, compuesto de bancal, un cuerpo de tres calles y el ático.
En el bancal, y
separados por zapatas sustentantes, están los relieves de San Roque y Santa
Bárbara a los lados del Nacimiento del Señor, muy apaisado.
En el cuerpo pasa algo parecido a lo del retablo mayor de la propia iglesia: que
las calles laterales se dedican a dobles relieves de Anunciación, Visitación
bajo otros en tondo, o adorno circular hundido, de Santa Ana y La Circuncisión,
más pequeños.
La calle mayor es aquí
desproporcionadamente ancha y alcanza en altura a los tondos laterales. Supone
ella sola casi todo el retablo. Se dedica su portada al Rosario, del que toma su
nombre. Columnas estriadas, corintias, un poco sobresalientes, sostienen el
friso, de decoración vegetal en los roleos o figuras en espiral o de caracol.
Sobre la cornisa que lo cubre se
halla el remate, con la Asunción en relieve, flanqueada de ángeles, dos de ellos
con la corona. La mazonería del ático, o escultura en relieve, es a base de
falsas pilastra y fondo triangular, apuntalados por arbotantes mixtilíneos o con
lados rectos y curvos, complicados.
Es el relieve de la Asunción el más
notable de esta obra. La Virgen, que está leyendo la Escritura en medio de
cortinajes y floreros, se ve sorprendida, casi asustada, por el mensajero. En
postura algo forzada vuelve el rostro, bellísimo, hacia el heraldo, al mismo
tiempo que alza sus brazos de manera instintiva en su turbación. Su ropaje,
pesado, dibuja una gran curva bajo el brazo, para apoyarse en las rodillas
semiincorporadas.
La perfección compositiva del medio
escénico, con ser mucha, se ve superada por la acción. Todo ocurre rápidamente:
el Arcángel que entra envuelto en nubes; la Virgen que, azorada, extiende los
brazos; el Espíritu Santo expectante. Este es el primer valor de la talla de
este relieve, la captación exacta, casi fotográfica del momento. Lo peor de él,
la técnica del grabado, incorrecta e irregular.
Parece este un retablo algo
evolucionado ya, con cierto movimiento, sobre todo arquitectónico. La talla
parece más rezagada. Debe fecharse hacia 1615.
A la hora de las comparaciones
estéticas, se halla cierto paralelismo entre el relieve de la Asunción y la
escultura del mismo motivo que, para Fitero, hizo Antón de Zárraga. Ese
curvado, esa doblez del manto que cruza la figura por encima de las rodillas,
son muy semejantes en ambas imágenes, pero
insuficientes para aventurar una
atribución.
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