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CANÓNIGO
MAGISTRAL
No se ha encontrado ningún documento que aporte algún dato sobre los dos años
que está en posesión de la canongía penitenciaria. Su vida -es de suponer-
transcurriría entre confesiones al resto del cabildo y a su asistencia a los
actos litúrgicos propios de su cargo en la Catedral.
No será hasta el año 1641 cuando volvamos a tener noticias suyas como
consecuencia de opositar -nuevamente- a la vacante dejada por D. Bernardo
Sánchez Valderrama de la canongía magistral de la misma iglesia catedral.
De nuevo tiene que presentar títulos de las licenciaturas al igual que lo
hiciera en la oposición anterior.
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Catedral Sto Dgo |
Así lo hace
el día 12 de junio de 1641 “a las dos horas después del mediodía, poco más o
menos...” Su candidatura, al igual que la del resto de los opositores, (D.
Isidro Sánchez Villegas, cura de la iglesia;
D. Diego de Arencana, canónigo magistral de la colegiata; y D. Manuel Alonso de
Azagra, natural de Aldeanueva), es declara legítima y mandan “se le notifique y
comparezca pasado mañana, jueves, trece días del presentes mes de junio, a
las ocho horas antes del mediodía.
Otra vez la Sala Capitular de la Catedral de Santo Domingo es testigo de la
comparecencia de nuestro paisano para decidir los puntos de los Evangelios que
habría de desarrollar en el examen a que sería sometido al día siguiente.
Así, en presencia de los señores comisarios Dr. Balza y el licenciado A. de
Aguirre, del secretario, que ya lo fue de la anterior, Juan Basozábal y en
presencia de los demás opositores y mucha otra gente, sacando una Biblia,
conforme los disponen los estatutos de la Santa Madre Iglesia, y abierta por un
niño inocente con un cuchillo, la abrió por tres partes, estando cerrada dicha
Biblia por medio.
VOTACIÓN DE LA CANONGÍA
Vemos reunidos nuevamente a los prebendados
[1] capitulares de la Catedral,
Deán y Cabildo para designar al opositor más cualificado que ha de llevar la
canongía magistral de la Santa Iglesia. Todo está preparado para la
votación. La Sala Capitular está acondicionada para tal ocasión y cada uno
ocupa el lugar que le corresponde. Empieza el ceremonial con la solemnidad que
requiere el acto, pero antes de votar “... el licenciado que presidía, D. Martín
de Lapuente, hizo una larga exhortación práctica, atendiendo primero a lo que
dispone el Estatuto. Y antes de tomar células los señores capitulares para
votar[2],
cogieron un misal del Santo Cristo que está en un bufete adornado con velas
encendidas y quitado de todo amor parentesco o afición (hacia los opositores),
dijo que votaran a la persona que su conciencia le dictase y más conveniese al
servicio de Dios, a nuestro bien y a la utilidad de la Santa Madre
Iglesia.”
Los capitulares, por orden de antigüedad, se fueron levantando de dos en dos y
de rodillas, delante del Santo Cristo y Misal y puestas las manos sobre ellos
“juraron todos juntos con fuerza e ilusión el referido juramento.” Sin
embargo, hubo uno de ellos, el Licenciado Hernández, que, por causas que no se
relatan, no asistió a uno de los sermones de los opositores. Por tal
motivo facultó al Licenciado Arara para que, en su nombre,
“votase a la persona
que le pareciese”
lo cual fue admitido por Deán y Cabildo. A cada capitular se le dieron
cuatro cédulas con el nombre de cada opositor, por antigüedad, excepto las
correspondientes al licenciado Hernandez que fueron entregas al S. Arara.
La votación comienza. Para depositar las papeletas se ha habilitado una
arquilla que tiene dos senos, que la colocan sobre el bufete. Esta
arquilla - verdadera urna electoral- tiene grabada una letra en cada uno de los
senos: “A”, que denota los aprobados y, en el otro lado, “R”, que denota los
reprobados. A continuación, cada uno de los capitulares, en orden de
antigüedad, fue depositando las células. En el seno marcado con la letra
“A” para quien ha de llevar en adelante el peso de la canongía. En el seno
“R” los que, a su juicio, no hubieran superado la prueba.
Una vez acabada la votación, los dos capitulares de mayor edad fueron sacando
una a una las papeletas depositadas, leyendo en voz alta de la manera y forma
siguiente. (Todos ellos -dieciséis- votaron a D. Diego de Tejada). Comprobados
dichos votos fueron a llamar a D. Diego de Tejada con el fin de hacerle notoria
dicha elección. El nuevo magistral entró en la Sala Capitular donde el
Presidente le comunicó el nombramiento que el Cabildo había hecho en su persona.
Inmediatamente se postró de rodillas delante del Presidente y poniendo las manos
sobre un Santo Cristo y un Misal, le prometió guardar los Estatutos de la
Catedral y no buscar nunca el relajamiento de este juramento, pero si lo hiciere
y alcanzase, aunque sea concedido graciosamente de Su Majestad o persona que
potestad tenga para ello, tantas cuantas veces lo alcanzase le fueran concedidos
tantos juramentos y ni uno más.”
Finalizado el acto de la toma de posesión, D. Diego acepta el cargo no sin antes
hacer protestación de que “si dicha canongía no le fuera cierta y segura, por
pleito que pueda hacer el anterior poseedor[3],
no se apartara ni desiste del derecho y posesión que tiene sobre la Canongía
Penitenciaria de esta Santa Iglesia.”. Como se ve, D. Diego se cura en
salud.
Salieron los señores Comisarios de Capítulo y, juntamente con nuestro paisano,
se dirigieron a las gradas del Altar Mayor rezando la oración de la Santísima
Trinidad y dando gracias. Y desde allí se fueron a la reja de la capilla
del Santo y, delante de su imagen, dijeron la oración de los confesores no
pontífices. El lugar que le asignaron fue la sexta silla, comenzando por la
episcopal, que tiene por vocación a San Bartolomé, “y le señalaron esta silla
para que en ella residiera en la Canongía, así como en las horas canónicas y en
los diurnos oficios. Y luego echó mucha cantidad de dinero en señal de
posesión, como era costumbre.
Con este acto daba por terminado el ceremonial. Las costas causadas por el
proceso, fueron como sigue: un doblón de oro para los testigos Manuel Hidalgo
Pertiguerpo, Domingo Seso y Berenciano Gazmio. Como ayuda a los tres
opositores no aprobados la cantidad total de 600 reales, de la siguiente manera:
300 al Dr. Manuel Alonso de Azagra; 200 a Diego de Arencana; y los 100 restantes
al Dr. Villegas. Todo ello fue pagado en la mesa capitular. Este
montante, además de las costas pagadas en este proceso, “por los partes de
cartas, lo actuado y lo adelantado, lo ha de hacer bueno D. Diego de Tejada en
su casilla ente Dean y Cabildo de la Catedral.”
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